- La vida en el día a día
Diciembre 10, 2007 por Binah
Año Nuevo
La Navidad
El reggeton
Un paseo en bicicleta
Eskiando
DESEO PARA AÑO NUEVO
Quisiera en este nuevo año…., ser simple como aquellas mujeres que solo hablan de ropa, música, hijos, hombres; de marcas de ropa, o la mejor dieta, quisiera estacionarme en el mundo y no ver como se mueve desde afuera. Quisiera preguntarme menos cosas, “comprender” el mínimo requerido para ser consiente , valorar a las personas no complejas y llenarme de sus ojos, y de sus adoradas simplezas, que no son descartables, ni malas, o inferiores, solo diferentes.
Quisiera NO ser feliz solo cuando huelo la tierra o me resbalo por la nieve, o horneo un pan dulce para los que amo, o cuando logro escribir un poema que me deje satisfecha. Quisiera aprender a ser feliz con cosas más complejas, de esas que son más caras o huelen a chanel, quisiera poder vivir de la nada, en una cabaña perdida en una montaña silente, llena de perros que me miren, así, como son ellos, inocentes y dulces, que te aman solo por que hueles rico y por la caricia que cae desprevenida por sus cabezas. Quisiera soñar que estoy en un mundo que avanza, sin guerras, ni pobres, ni enfermos que no tienen dinero para un remedio, ni tantos con tanto ni tantos con tan poco. Quisiera sentarme en un callejón abierto a la esperanza, donde la mirada se torne franca, sin miedo. Quisiera, sólo quisiera que sucedan esas cosas mientras camino.
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LA NAVIDAD
Se acerca la navidad, magno evento para el comercio, donde lamentablemente la locura se traga la quietud del ser humano, locura que desvela al mundo, y dentro de la cual lamentablemente, a veces me incluyo.
Ayer , fuimos a hacer algunas “pequeñas” compras para nuestros seres queridos, quedé impresionada como la gente atesta los exitosos mall y finos locales comerciales. Los más pudientes, compraban con relajo sus cientos de paquetes, los que tienen menos o casi nada, se endeudaban sin saber poner el tan necesario freno, los rostros de todos los que ahí pululaban parecían drogados, idos, caminaban a prisa sin detenerse a sentir el instante, “nos faltan, nos faltan…” . El sentir esa realidad erizando mi piel me llevó a desear vivir en uno de esos pueblos sin sombra, tal vez en aquellos que no existen, donde las familias se reúnen a comer algo rico, a conversar y reír, a escuchar las historias de los más viejos, a sentir la simpleza a través de los más jóvenes, a escuchar villancicos, hablar de lo que creemos de Dios…, si existió Jesús, o cualquier de las ideas que se arraigan en la medula de cada uno de los que conforman ese instante, a pasar una noche de armonía, donde, y como regla inquebrantable, no existan los regalos que se tocan.
En Chile no están totalmente arraigadas las tradiciones, recién hace algunos años China inundó nuestros mercados con millones de cajas de luces por un módico precio, de esas que abrigan las casas, dejándolas tan “prendidas” que pareciera que no pueden ser habitadas por seres humanos, solo muñecos de loza, de otra forma se derretirían, los árboles de algunas calles gritando de dolor por el constante palpitar de las miles de luces que sostienen en su trémulo ramaje, aunque debo confesar y me declaro culpable por ello, que me encanta verlos, me gusta pasar por sus laberintos cuando la noche esta encimada, cuando el silencio gobierna las calles enjambradas de vehículos durmiendo, tachos de basura ya limpios reposando en las orillas, indicándonos que ya paso el camión que recoge nuestros desperdicios, ellos son de la noche, (Dios, no permitas que me olvide de escribirles un poema, nuestra sociedad se los debe) si, pasar por debajo de los túneles que forman cuando se abrazan extasiados para recordarnos que el amor existe, pasar …, como si fuera yo un pasajero en un tiempo inconcluso que va a un destino no conocido, pasar por debajo cual tren nocturno transitando por algún túnel del tiempo, de esos que imagino cuando estoy pegada en el cielo y me llevan a otros universos.
En resumen la navidad me trae infinidad de sentimientos que chocan con mi cordura, algunos de alegría, por ejemplo, cuando veo el rostro de los niños abriendo sus ansiados paquetes, observar a los que amo mientras ríen junto a mi, comer algo rico sin pensar en la dieta, escuchar el ring del teléfono y escuchar la voz de alguien querido al otro lado de la línea, salir a las calles y ver la alegría arrastrándose por las paredes, las que no ríen evito mirarlas. También hay sentimientos de pena, una pena que a ratos me traga, como las caritas de los que no tienen nada, niños y también adolescentes, ellos sobre todo, porque están más conscientes de las diferencias sociales, porque llevan el dolor, la injusticia y el idealismo cincelando la esperanza, el de padres de escasos recursos, a aquellos que se les agrieta el alma por no poder cumplir como “viejos pascueros” ante sus herederos de pesares.
Dolor por no poder acariciar a los que amé y ya no están junto a mi, por los muertos de los que no conozco pero se que sufren, por los que yacen solos en una cama de hospital público, por los que aún son conscientes y vagan como mendigos de una historia mal hecha.
Así corren los sentimientos, como un barco sin frontera, esta navidad no será distinta a otras, seguramente será una noche calurosa, y no de nieve como uno ve en esas películas de navidades soñadas, pero estará viva en nuestras manos, por último quisiera, que en esta navidad todo fuera simple, como si el universo de pronto se detuviera en su infatigable marcha, que seamos más buenos, generosos, más humanos, de verdad HUMANOS, ósea con esa humanidad que se nos regalo cuando fuimos creados para que comencemos nuestro camino de retorno, una humanidad sin negruras, ni manchas, sólida y pura, limpia de egoísmo, de materialismo innecesario, intachable como nuestra alma, esa que todavía vive dentro nuestro, que todavía habla cuando la mente duerme.
Espero para todos los que amo, para los que no conozco todavía, para aquellos que sueñan, que aspiran a ser mejores, para los egoístas, ladrones y políticos, para los que no cesan de ambicionar, para los que no quieren seguir caminando y para los simplistas, para los egocéntricos y para los generosos, para todos ellos deseo que esta navidad sea distinta a las anteriores, que este plagada de silencio y así puedan escuchar los sonidos “reales” esos que nos hablan de cosas más importantes que gastar la vida, sentir el palpitar de los que amamos sin necesidad de estar junto a ellos, ser por un instantes ¡¡muy felices!! por tener simplemente, lo que tienen, que no es más ni menos que lo que nos hemos ganado a través de tantas vidas. Deseo que tomemos consciencia del punto exacto donde se encuentra nuestra existencia, que supongamos, que es la última navidad para valorar lo que se nos escapa de los dedos. En fin, deseo simplemente…, que esta sea, una ¡Feliz Navidad!
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EL REGETTON
Jamás hubiera pensado que escribiría algo sobre el Regetton, pero así es…, curiosidades de la vida. Dos veces a la semana, martes y jueves (no se admite otro compromiso) , son para el regetton, si, esos días estan destinados a la más absoluta frivolidad, ¡me voy a bailar!, si, bailo como una loca y soy muy feliz. (Que es la felicidad si no escasos instantes donde te sientes plena y en armonía?)
¿Cómo?, pues me voy preparando desde la tarde, como el zorro y el principito, voy a ir al encuentro de un momento de esparcimiento; esos días al irme a casa voy escuchando en el auto algún regetton como “Locura automática” o “Quizás” y de a poco mi estado de ánimo comienza a cambiar…, la profundidad se torna en una liviandad fácil de llevar, fácil de vivir, guardo mis poemas y reflexiones en un rincón de mi alma y a disfrutar, a ser mundana y frívola.
Llego a la casa rauda, la ropa del día cae con rapidez dando lugar a una estrecha malla que me permita moverme libremente, las llaves que creían era la hora del descanso son apresadas por mis manos ansiosas, subo al auto, prendo la radió que todavía esta con el CD adentro y parto… ¡¡Leblon prepárate!!
En cinco minutos estoy ahí, me voy a la parte de pesas, hago unos 20 minutos y ya, por fin, comienza mi clase ¡¡a las 20:00 en punto!!
Me encuentro con Marcelo, el profe, un hombre de mirada y expresión afable pero frío, siempre serio, nos encontramos en la sala de pesas, me hace un gesto con la mano,
- Hola.. lista?
- Por supuesto.
Al cabo de unos minutos lo sigo, lo que más me sorprende de ese hombre es como le cambia la expresión, despues de llegar todo serio al gimnasio, en el momento de entrar en el salón se le pinta mágicamente una sonrisa de oreja a oreja y lo más incríble es que ¡no se le borra hasta el término de la clase!, No se como lo hace, yo trato pero a los tres minutos, cuando ya comienza a escasear el aire, se me cae como si pesara una tonelada.
La música comienza a inundar el salón, y con ella, llega la diversión, un poco de salsa, algo de otra cosa que no se que es y como guinda de la torta, casi al termino ¡¡el regueton…!! y si más encima ponen “Locura automática”… (generalmente al final apaga la luz, tanto mejor.. me dejo llevar por la música), mi cintura parece un tobogán de curvas sin freno, y mi cuerpo tiene una vez más 15 años, ¡que increíble, como nos transformamos las mujeres! Creo que todas en nuestro interior tenemos algo, algo mágico que nos hace deshacernos de todo lo que nos inhibe, cohíbe, apresa, deben haber tantas mujeres que nunca logran liberarse… Dios, que terrible debe ser. En realidad tengo tanto… tanto por que dar gracias día a día, como ahora, nunca imagine que diría ¡gracias Regetton que me das unas horas de frívola alegría!
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UN PASEO EN BICICLETA
Hoy domingo salí a andar en bicicleta, lamentablemente, hace tiempo no lo hacía.
Cuando vivía en Pirque salía todos los días al llegar del trabajo, me perdía en las horas, me dejaba llevar por la suave cadencia del pedaleo y el aire golpeando mi cara, los olores que cada cierto rato arrebataban mi olfato, eran los más diversos, a flor tierna, a tierra fresca, excremento de vaca, (buscaba los caminos donde sabía habían corrales sólo para sentirlo, si, lo sé…, debo ser media anormal), a alfalfa recién cortada, a la flor de la pluma, al jazmín, ¡¡Dios, como me encanta ese olor!!. Buscaba caminos solitarios donde pudiera hacer mis locuras, como de pronto cuando el paisaje me comía la cordura me bajaba de la bicicleta y me tendía en medio del camino ( muchas veces de tierra) y me quedaba ahí, sintiendo la tierra como hablaba, algunos mosquitos posándose en mi rostro, siendo profundamente en ese instante.
El regreso casi siempre lo planificaba por el camino El Llano, ahí se produce un arco de más o menos tres km donde los álamos decidieron acariciarse a través de sus copas, seguramente en un lado del camino estaban las féminas y en el otro los apuestos varones, nos buscamos, es irremediable. El pasar por debajo de ese acto amoroso era la guinda de la torta, espectacular, una buena música en los audífonos, (variaba según lo que quería atraer), pedaleaba fuerte al principio y luego soltaba las manos y listo…, ¡¡a sentir!!Sin embargo el pedaleo de este domingo no fue tan intenso como los de Pirque, pero no fue malo, me puse los audífonos di el play y partí, las primeras cuadras siempre son difíciles, a los dos minutos estoy con la lengua afuera, luego…, como todo en la vida, fluye y puedo andar horas, así lo hice. Me voy mirando las casas, preguntándome ¿quién vive ahí, que tipo de gente es, serán felices?, admiro los jardines, evito las calles con mucho tráfico porque me roban la quietud, pero, en algún momento desemboco en alguna y ahí me encuentro con un montón de autos, pululando de un lado a otro, con personas en sus interiores corriendo también, de un lugar a otro.
Ahora bien toda esta reflexión nació porque me di cuenta de algo, los hombres que pasaban en sus autos acompañados de sus mujeres me miraban con descaro, ellas también, cuando tocaba algún semáforo en rojo sentía que era desnudada interior y exteriormente ¿Por qué pensé?, bueno se que soy regia pero andando en bicicleta…mmm… no ando como para conquistar, (lo de regia es broma, vitamina para mi ego) y ahí, en ese mágico momento, llegó un instante claridad, (siempre la claridad llega en instantes, luego se esfuma dejándonos, tal vez, presa de una ceguera más fiera), bueno, fue en ese momento, justo ahí que me di cuenta de algo muy importante, los hombres además de mirar una hembra, para ellos cualquier curva llama su atención, envidiaban o deseaban que sus mujeres tuvieran eso que yo tenía en ese momento…, ¡¡Vida!! y ellas, ¿porque me miraban ellas? además claro de mirarme de arriba abajo para ver que podían criticar, ¡así somos las mujeres!, ¿que más buscaban?, pues simple, también querían tener esa vida que brotaba de cada centímetro de mi cuerpo, esa energía que a veces se nos arranca de las manos y la necesitamos desesperadamente para seguir. Yo sentía lo que ellos deseaban de mi y que en ese momento tenía para regalar, (la música y el aire me la estaban proporcionando), y es tan simple, solo…, sólo hay que tener un poco de voluntad, muchas ganas, y llamarla, ella siempre esta ahí, esperándonos, queriendo regarnos por completo.
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ESKIANDO
Este fin de semana tuve la mala ocurrencia de ir a eskiar, mala cosa considerando que ya hace calor, la nieve, al menos en las pistas bajas estaba muy suelta, además de mucha gente aprovechando los últimos fines de semana de nieve las hacían poco agradables…, todo eso me obligó a tomar una decisión que venía evitando desde hace un tiempo, subir a las últimas pistas, ¡¡mala ocurrencia!!.
Respirando profundo me dirigí a la fila donde estaban los “expertos”, el que llegaba ahí era porque realmente sabía, demostraban una seguridad que se la quisiera un corredor de bolsa por un día, sin necesidad de bastones, avanzando sin la menor muestra de temor por lo que venia, trajes ceñidos y yo…, ahh pero no debo olvidar a un grupo de espigados, rubios y bien mantenidos adolescentes (bueno, casi todos) extranjeros, algunos canadienses, otros Ingleses, (no es que sea bruja, tenían una magna insignia en sus bien ceñidos trajes), era terrible, casi una ofensa para el resto que babeamos en la fila admirándolos, era como si flotaran sobre los eskies, llegaban como aparecidos de la nada a una sección de la fila que no estaba marcada pero todos sabíamos que era “preferencial”, esto una vez que eran escupidos por alguna ladera, que obviamente no estaba demarcada como pista y a la cual ellos la hacían parte de sus piernas, saltaban como conejos sobre los lugares más inverosímiles o se deslizaban por algún sendero marcado con banderas, las que eran noqueadas en cada curva en elegante vuelta. En fin… otra historia.
Llegó mi turno de tumbarme en la silla, me monté con cierta pericia en el andarivel, por lo menos este no era de arrastre lo te daba la posibilidad de descansar entre bajada y bajada, para los que no tenems un estado físico sobresaliente, vale mucho y te permite al final del día, dar unas vueltas extras.
Comenzó el ascenso…, de tanto en tanto la silla se quedaba sin avanzar y daba unos saltitos, para ser honestos daban deseos de retroceder el tiempo, pero no pude, no estaba lo suficientemente concentrada para tan elaborado acto de magia, por lo tanto, seguí. Era interminable, no llegabamos nunca, subía y subía como si estuviera arrancando de alguna realidad paralela, cuando tomaba coraje miraba para abajo y para atrás, para ser honestos era maravilloso, ahí se desplegaban unos picos blancos, eternos, laderas montañosas, lisas y perfectas, un cielo celeste, casi puro, casi salido de una pintura de Pierre de Clausade, si no fuera porque yo lo estaba mirando desde “una silla flotante” que se balanceaba sin respeto por mi integridad. Por otro lado el silencio hacía lo suyo, era profundo, llano, respetuoso, hasta mi mp3 se había enmudecido, a lo lejos nuestro destino se acercaba, si, allaaaaá lejos …, se veía el final de las sillas que daban una vuelta como compadeciéndose, ¡¡quería devolverme!!…, no podía…, no existe el andarivel de los arrepentidos. Llegó el momento, tenía que bajarme, agarré fuerte mis bastones, me cerré la parka (corría mucho viento) y a prepararse, di un salto con las piernas dobladas para tomar impulso y no pasar la plancha de mi vida y caerme cuando justo estas llegando a la meta, ¿meta?, no, principio de suicidio. Me deslice…, hasta ahí bien, luego, el comienzo de mi muerte.
Al bajarme esperaba encontrar una pequeña meceta, no sé… algo en que sostener mi dañada integridad por algún rato, pero no, de la nada nacía una pista sin fin, con un descenso que casi parecía el treintavo piso de un edificio, traté de demostrar seguridad y desplante, como no, estaba toda aperada con mi ropa columbia, colores negro y celeste, no debía desteñir, como decimos en buen Chileno , mire para el lado…, ¡nadie cerca , era el momento, me lance!, giro a la derecha, inclino un poco mi cuerpito, movimiento a la izquierda, flectando piernas, levantando un pie para girar, levantando el otro, ¡¡suelo!!…, me logro levantar sin necesidad de sacarme los eskies, giro a la derecha, salto a la izquierda, descenso de 7 metros, ¡¡suelo!! la nieve muy resbalosa, bastante ventisca, y mucho ingrediente de inseguridad, mala mezcla, bueno, para hacer el cuento corto el primer día limpie la nieve de todo gramo de tierra y de vergüenza que el viento hubiera esparcido, el segundo, un poco más digna, sólo dos porrazos, el tercero… ¡¡que decir, casi perfecto!!, el cuarto, ¿alguien quiere un autógrafo de una sirena de las nieves?.
Enseñanza: La sensación que se despierta cuando no hay nada, NADA, solo una montaña que generosa te presta su piel blanca y suave para que la acaricies, el viento golpeándote fuerte, un silencio desgarrador y esa inmensidad que corre a tu lado mientras inicias un viaje, es simplemente impagable.
Siempre he ido a eskiar, pero nunca he subido tan alto, será así en todo en la vida, subir al “próximo nivel” ¿me traerá tanto placer?
(Ahora entiendo a los que recorren continentes buscando esa sensación.)









