Tratar de comprender la vida y a las personas, no es tarea fácil. La vida simplemente és, con sus juegos y caminos, con las personas que la transitan. Con esos acertijos a los que algunos llaman “destino”, otros, “es lo que cada ser humano hizo de ella”, etc., pero a la hora de la suma y la resta, es y ocurren los eventos sin importar lo que pensemos.
Es navidad, una navidad para mí distinta a todas las otras. Estaré lejos, muy lejos de lo que es mi normalidad, no haremos regalos materiales, y la resolución de tomar decisiones, de dar prioridad a ciertos proyectos que toman repentina importancia.
El martes pasado, mi hijo tuvo un accidente en auto, uno más o menos complicado. Curiosamente ese día yo pasé la tarde desperdiciando momentos y necesarios silencios reclamando y quejándome por cosas, de esas cosas tontas que no tienen valor ni importancia, cosas por las cuales los seres humanos nos dejamos envolver. Ilusiones que te pone la vida. Y luego…, vino esa ráfaga que te aplasta y te hace pensar que cambiarías todo en el mundo por el solo hecho de ver a uno de los seres humano que amas con toda tu alma, reír, caminar, ¡vivir! por mucho tiempo más, mejor aún, por lo que te resta de vida.
Cuando llega la calma, se hace presente el cuestionamiento…, ¿seremos capaces, serán capaces los jóvenes que creen tener el mundo en sus manos, que se dejan llevar por esa adrenalina que les hace sentir grandes e impide ver más allá de los eventos y tomar real consiencia del delgado hilo del cual penden sus vidas, sus futuros, sus logros?. No lo sabemos, esperamos con toda nuestra alma que sí, pero no tenemos la certeza sólo la esperanza y es de ella que debemos aferrarnos.
Esperanza por saber elegir lo que es verdadero, esperanza en que cumpliremos aquellas metas por las que realmente trabajamos, esperanza por no vivir ambicionando, por aprender a ser felices con la simpleza de lo esencial. Esperanza por regocijarnos con nosotros mismos y no vivir de la luz de los demás. Esperanza por que seamos agradecidos por aquello que recibimos a diario y no damos el valor suficiente. Por ser inmensamente felices por ver a nuestros hijos reír, caminar, ver y convertirse en mejores seres humanos. Esperanza de que sepamos aprovechar las oportunidades que nos da la vida para ser un poco mejores de lo que éramos unas horas atrás. Esperanza, en que nunca olvidemos QUE NO SOMOS MAS QUE NUESTRA ALMA, lo demás es prestado y se queda acá.
Creo que esta navidad se me ha dado el mejor regalo de todos. Poder valorar con mayor claridad cada maravillosa cosa que tengo, aún en lo aparentemente malo, y ser feliz por ello.
Tengo la mala o buena costumbre de replantearme en fecha significativas como las que atravesaremos en unos días lo que he vivido, luego sumo, resto, divido y saco un resultado. Muchas cosas cambian, otras sólo maduran. Esta vez ha habido resultados inesperados, los cuales me harán recapacitar. Veremos la cosecha en un futuro cercano, cuando venga otro recapitular. Veremos … si se seré capaz de no olvidar.
(En cuanto a mi hijo, esta recuperandose bien, lamentablemente una de las niñas que iba en el auto sigue complicada, pero saldrá adelante, estoy segura de ello.)

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